Otra ciudad y la misma

Otra ciudad y la misma

¿Podría ser una ciudad otra y la misma? Volver a recorrer mi ciudad natal y donde viví por más de tres décadas, después de seis largos años de ausencia, fue como ir al encuentro de una nueva ciudad. El desgaste de los edificios y casas de La Habana anuncian los cambios que, en el orden político y social, apenas comienzan a tener lugar en la sociedad cubana. Sin embargo, repasar sus calles, harto conocidas para mí, me ha permitido reconocer en ellas una parte importantísima de mi intimidad, así como darme cuenta de esa otra parte que ha cambiado, fruto del contacto con una realidad muy distinta. Pero, todo en medio de una profunda armonía, una profunda paz interior, que de manera inexplicable para mí solo me proporciona el contacto físico con la geografía caprichosa que trazan esas calles y avenidas que contienen los que fueron otrora magníficos edificios de un barrio como El Vedado.